lunes, 20 de septiembre de 2010

Resaca emocional, lluvia y nostalgia

Hoy es uno de esos días en los que no saldrías de la cama. El cielo está gris y no entra nada de luz en la habitación. Está empezando a llover y el frío va llegando. A no ser que tu trabajo te obligue a vestirte y salir de casa, lo único que te apetece de primeras es quedarte bajo una manta haciendo nada. 



En días así puedes recogerte en tus pensamientos y entrar en un bucle muy, pero que muy peligroso: el de los recuerdos. En días así los tiempos pasados siempre parecen mejores de lo que fueron en realidad. Yo le llamo resaca emocional porque es algo parecido a la resaca del día después del fiestón que te pegaste como si no hubiera mañana. Pero el mañana llega y te arrepientes de esa última copa, de ese paquete de cigarrillos que te fumaste entero y de algún que otro ser con el que intimaste más de lo necesario. Hay noches que confunden y mañanas que no aclaran mucho más. Lagos y lagunas, apenas puedes mover la cabeza porque cada vez que lo intentas parece que tu cabeza vaya a estallar. 

La resaca emocional aparece en días sin luz, cuando te levantas sola y no tienes planes inmediatos. Puedes recordar al chaval de turno (que ahora no está contigo bajo la manta), preguntarte por qué no te ha llamado, echar de menos a tu ex (ese que nunca tenía un detalle contigo, pero ahora mismo recuerdas como el hombre de tu vida), enfadarte con tu novio porque “ya no es como antes” o entrar en terrenos aún más peligrosos del tipo: donde estoy, donde voy, que es de mi vida, estoy donde quiero estar. Preguntas que, ya te aviso, no resolverás en un día como el de hoy. 

En este punto solo hay dos cosas que puedas hacer. O bien, te reactivas, te pones guapa (very importante el ponerse y verse guapa) y te obligas a mover ese culito que tienes. O bien, te metes de lleno en la Bridget Jones que todas llevamos dentro: música deprimente, lágrimas en cadena e incluso helado y alguna película romántica con final feliz (made in Hollywood). 

Disfruta de TU día, como a ti te de la gana, siempre.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Romances de verano

Los primeros días, semanas, e incluso meses, de una relación, son lo mejor que hay. Los primeros roces, los primeros besos, esas miradas tiernas con cara de bobos, esas ganas de tocarse y tener sexo a todas horas del día. Y si encima es verano, hace calor, estás de vacaciones , te pasas el día en la playa, con amigos, tomando cervezas en terrazas, saliendo de fiesta hasta el amanecer, sin rutinas ni horarios, sin estrés ni clases ni curro ni jefes… entonces ¿qué más puedes pedir?

Los idilios veraniegos nacen en un instante, sin buscarlos. Conoces a alguien y ¡zasca! Llámalo flechazo, tontería o ganas de pillar cacho. Pero no tienen más complicación. Y ese estado feliciano que compartimos en estas fechas parecen contribuir a que el romance fluya y todo parezca perfecto. Quedas y quedas y vuelves a quedar. ¿Por qué no? Estás de vacaciones y él también y os encanta estar juntos, el demasiado no entra dentro de vuestro vocabulario.

Pero (por supuesto hay un pero enorme), el verano, las vacaciones y los cuentos de hada tienen siempre un final. Llega el momento de volver a la realidad, tu ciudad, tu rutina, tus obligaciones… a tu vida.

Nota: un romance de verano tiene un final aunque no te hayas movido de tu ciudad, aunque las citas más calientes las hayas vivido en tu hogar de verano que, casualmente, también es tu hogar el resto del año.

Las aventuras veraniegas no son el principio de una relación seria. Os podéis llamar, escribir, mandar señales de humo o inventar nuevas maneras de comunicación hasta el verano que viene pero, y sin querer ser aguafiestas, no vivas esperando una segunda parte que difícilmente sucederá. Los meses y la distancia pueden ser el olvido y en muchos casos lo son, pero también pueden ser los culpables de idealizar a una persona y, con ello, no ver a otra nueva que podrás tener enfrente en primavera, otoño o invierno... avisados estamos.

Películas de domingo: Desayuno con diamantes

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Los moscones de discoteca. (Primera aproximación)

Ante todo, definir al moscón como ese tío que no te interesa para nada, pero tú a él lamentablemente sí. Lógicamente si un chico te interesa no será nunca un moscón por más que se le pueda identificar en alguno de los grupos.



Vamos con la clasificación:


MOSCONES SOMBRA

Los moscones sombra no intentan darte conversación, no  te piden fuego y  tampoco te lanzan miradas esperando una reacción por tu parte. Este grupo es sigiloso y cansino, muy muy cansino.  Tú estarás bailando, a tu rollo y él se situará justo detrás de ti. No te tocará pero si se mantendrá lo suficientemente cerca para que, en caso de que tu te muevas lo más mínimo lo notes cual pasmarote en tu espalda. Intentar recuperar tu espacio vital dando un paso hacia delante es inútil, pues el te imitará. Los codazos no siempre funcionan pues algunos de estos seres parecen encantados con cualquier tipo de contacto “casual”.  


MOSCONES PASMAROTE

Éstos son una variante de los moscones sombra.  A diferencia de los anteriores, los pasmarotes no siempre se sitúan detrás de ti. Se colocan estratégicamente, normalmente a tu lado y su actitud es mucho más pasiva, aunque no menos molesta. Lo suficientemente cerca para no permitirte muchos movimientos, te limitan muy mucho cualquier opción de bailar cómodamente sin encontrarte con ellos.  Se quedan tiesos como estatuas y aunque te muevas sabrán encontrar el sitio para seguir estorbando. 


MOSCONES PASILLO

También conocidos como sobones de paso.  Aprovechan cualquier desplazamiento para meter mano. Si eres tú la que se va, te cogerán por la cintura, te estirarán del brazo o incluso te darán una palmadita en el culo porque saben que  hay más posibilidades de recibir una mirada de odio o un bufido/insulto que no la hostia que realmente se merecen. En caso de ser ellos los que se desplacen los reconocerás porque notaras unas manos que  te cogen por donde no deben y/o permanecen más rato del necesario en tu cuerpo si lo único que pretenden es apartarte para pasar. Lamentable.


MOSCONES BAILARINES

Aquí hay que diferenciar a los simpáticos de los cansinos. Ambos se caracterizan por ser unos “motivados” que rozan la hiperactividad.  Bailan cada canción como si fuera la última, viven cada nota y esperan que tú hagas lo mismo. Para ello te cogerán de la mano (de la cintura en casos de confianza gratuita) y te invitaran a acompañarles  en su hiperactividad.  Para mi hay que diferenciar a los moscones bailarines inofensivos (o simpáticos) que normalmente se limitan a cogerte de la mano y menearte un poco, sonrisa de flipado en su cara,  y a veces algún comentario del tipo “baila mujer, que te veo muy parada” (insisto: parada según su  punto de vista nacido de la emoción del momento). Si les sigues el rollo o no dependerá de ti y si le sonríes,  haces un amago de meneo y le sueltas la mano será suficiente para que él se quede tranquilo y contento y se vaya a seguir repartiendo felicidad.

Muy distinto es el moscón bailarín sobón. Este te cogerá de la mano, la cintura o de donde pueda e intentará menearte a su ritmo que generalmente no acaba de coincidir con el de la música que suena. Y es que no acabo de entender esta manía de bailar “agarrao” en una discoteca y de moverse como si fuera reggaeton (si estás en una discoteca salsera es otra historia, por las que me muevo yo no se estila mucho…). Este te sonreirá mientras intenta meterte mano y librarse de él no siempre es sencillo porque en cuanto le sueltes  la mano, te agarrará la otra o se te arrimará cual lapa en pleno ritual de apareamiento. 


MOSCONES CONVERSADORES

Un clásico. Pueden pedirte fuego, ofrecerte cubata o directamente saludar. Hola. Hola. ¿Qué tal? ¿Vienes mucho por aquí?  Bien, bueno… Contestar a algo tan tonto es el primer error porque lo que para ti es simple educación para él es  una invitación a una conversación que posiblemente no te interesará lo más mínimo. Te contará de donde es (te preguntará si tú eres de allí, de que barrio… si, de que barrio también), estudias o trabajas (te contará su vida laboral o su ausencia) y cualquier otro asunto que le venga en mente. Sonrisas y seguir bailando con cara de esta historia no va conmigo no son suficientes, nunca. Él te seguirá hablando, preguntando, buscando tu mirada y tu oreja.  Ya puedes ponerte a dar saltos que él esperará paciente a que vuelvas al suelo. Y, no te preocupes, éstos suelen aparecer cuando la canción que suena en la discoteca te encanta, más te guste la canción, más rato lo tendrás ahí pegándote la chapa. Si, Murphy no descansa ni de fiesta.


MOSCONES EN GRUPO

A éstos los ves venir (normalmente). Grupo de chicos. Se situará cerca de tus amigas y de ti y empezará su fichaje…  Esto es algo que a mi personalmente me cabrea profundamente, ese momento miradas fichaje como si estuvieran en un restaurante eligiendo que plato se comerá cada uno…. (quien dice comerá, dice piensa que se comerá). Y ese es el momento de cambiar tu ubicación en el local o esperar al ataque. Una vez situados lo suficientemente cerca se acercará solo uno de ellos, se presentará, te dará una mínima conversación (o no) y  empezará a introducir a los demás, que irán llegando uno a uno, te los presentará a ti y a cada una de tus amigas. Como si invadieran un país, cuando estéis acorraladas empezaran sus  técnicas de moscón individual, cada uno con la víctima correspondiente. La única esperanza es que en casos así suele haber alguno que no está interesado en molestar y se limitará a “bailar” a tu lado mientras su/s amigo/s intenta/n ligar y pega/n la chapa a tu/s amiga/s. 


MOSCONES SOLITARIOS

Tipos que van solos a la discoteca. Los verás en la barra pidiéndose algo, paseándose entre la gente o quietos en medio de la pista, nunca bailando. Ellos no bailan, se menean un poco, pero no bailan así que en ocasiones pasan a formar parte del grupo de los pasmarotes. No sé si tiene alguna relación con el hecho de que estén solos, pero cuando un moscón solitario ficha una víctima, su mirada se clavará en ella de manera persistente e inalterable (algo que a mi personalmente me fascina pues soy de las que se distraen con una mota de polvo).  El acercamiento suele ser lento pues les gusta recrearse en ese particular juego de miradas unidireccional, así que por lo general son bastante fáciles de evitar.


MOSCONES GUIRIS

Los más mejores, sin duda. Tan fáciles de despachar como no entender (o no querer entender) lo que te dicen. Un no te entiendo y cara de  circunstancias será suficiente siempre que se limite a hablar y no vaya en plan moscón bailarín.  Otra historia son los guiris que hablan tu idioma: sudamericanos, italianos que chapurrean el castellano, etc. Éstos son más dados a conversar y conversar (sigas o no el rollo) y no se dan por vencidos fácilmente.   


MOSCONES BORRACHOS

Y por fin el grupo de los borrachos o “petaos”.  Si se trata de un moscón borracho y conversador, será una conversación complicada de mantener del tipo no me chilles que no te entiendo. Los borrachos repiten lo mismo una y otra vez, no vocalizan y algunos tienen poco control de la saliva al hablar. A esto hay que añadir la ausencia de equilibrio y su manera de avanzar torpe y accidentada. Por ello, si además de borracho se trata de un bailarín, tu integridad física corre peligro. Sin embargo, este grupo tiene una gran ventaja sobre el resto y es que son muy muy fáciles de despistar. Huye sin prisas, no te seguirán mucho rato.


MOSCONES SALVADORES

También llamados moscones parásito, viven de los otros moscones. Cuando un moscón salvador ve a una chica en apuros (recibiendo el ataque de alguno de los anteriores), el moscón salvador irá a su rescate sin dudarlo dos veces. “¿Te está molestando? Tío, no ves que no le interesas…” Lo que deberían saber estos tipos es que los caballeros andantes gustan a muchas, pero no a todas. (Algunas preferimos librarnos solitas de los moscones).  Pero este grupo va de listo y no se da cuenta que ser un moscón salvador no te hace mejor que ser un moscón de cualquier otro tipo . 

Me presento:

No tengo la licenciatura de sociología, ni la de psicología ni ninguna otra que se le parezca. No vivo felizmente con el chico del que me enamoré a los 15 años. Tardo una media hora en decidir que me pongo antes de salir de casa y pocas veces salgo convencida. Soy una persona sumamente indecisa, tengo tendencia a complicar lo más simple  y me tropiezo con todas las piedras que me encuentro por el camino: una, dos y las veces que haga falta.

Pero (la vida siempre tiene un pero), de errores se aprende… o eso dicen. Y en eso soy toda una autoridad.  Así que si alguien llega hasta este blog , por esas gracias del destino, que no espere encontrar consejos o estudios científicamente probados sobre las relaciones humanas. Es solo un blog  absurdo, tan absurdo como la vida misma.


Dicho esto, sean ustedes bienvenidos.

K.