viernes 8 de octubre de 2010

Tú misma


Cuando entras en un restaurante, una tienda, o vas por la calle y te cruzas con un grupo de chicas, las probabilidades de que estén hablando sobre hombres, relaciones o sexo es muy, pero que muy elevada. Cuando esto pasa a mi siempre me da por sonreír porque sé que si estuviera en ese grupo seguramente estaría hablando de lo mismo, diferente chico, diferente situación quizás, pero el tema siempre es el mismo. No quiero decir que solamente hablemos de esto porque sería una agonía, pero no negaré que es un tema recurrente entre las féminas. Y entonces me pregunto, ¿no nos cansamos? Las relaciones con el sexo opuesto son un aspecto importante en nuestras vidas, pero no deberían ser el más importante, ¿no? Empecé este blog diciendo que soy una autoridad cometiendo errores y  sinceramente creo que uno de los peores errores que se puede cometer es dar más importancia a una pareja, relación o incluso rollo, que a tu propia persona.

Encuentra a una persona que te quiera, que te cuide y te respete. Encuentra a un tío que te haga tener orgasmos  a diario.  Encuentra un ligue distinto cada semana. Que eso te ayude a ser feliz, pero que tu felicidad no dependa de ello. En realidad, nadie te querrá, cuidará y respetará como tu misma; nadie conocerá mejor tu cuerpo que tú y lo del ligue semanal… ahí me temo que si no eres bipolar necesitaremos colaboración externa. 

sábado 2 de octubre de 2010

Las zorras

Suena muy mal, es feo y machista, y lo que queráis pensar, pero es lo que hay. Hay mujeres con mentalidades muy distintas, mujeres difíciles de conquistar, mujeres más fáciles, mujeres que adoran los piropos y mujeres que prefieren lanzarlos. También hay zorras.

Las zorras son mujeres, sí;  pero a mi parecer son las que dan mala fama a las demás. Y es que los hombres suelen generalizar y todos en algún momento se han cruzado con una zorra, con lo que algunos tienden a confundir el término. Mujer y zorra no van unidos, ni mucho menos.

A diferencia de los moscones, no voy a clasificar las zorras por grupos, porqué no los hay… pero si hay niveles de zorrismo: yo diferencio dos.


NIVEL I

Las zorras de nivel I también se conocen como calientabraguetas (que fino), calientapollas (menos fino),  o busconas, como lo queráis decir, da lo mismo que lo mismo da.

Las zorras en este nivel son mujeres muy confundidas (a mi en el fondo me dan un poco de lástima).  No entraré en hacer suposiciones sobre la educación que han recibido, pero sin duda se saltaron algunos capítulos de Barrio Sésamo. 

Una confusión muy típica de las zorras es  la cantidad de tela que se necesita para cubrir tu trasero y poder caminar. Hay faldas muy cortas y cinturones muy anchos, la moda es lo que tiene.  Pero alguien tendría que enseñarles a estas pobres chicas la diferencia entre ambos, sino pasa lo que pasa. Y es que llevan la tela tan justa, tan a ras, que cualquier movimiento invita a todos los que tenemos la “suerte” de estar a su alrededor de comprobar la preciosa ropa interior que lucen (si es que lucen algo).

Sea como sea lo importante es lucir tipazo. El escote también es importante, very importante. Altas, bajas, gordas o delgadas, las  zorras no tienen ningún complejo. Y ya lo dicen que lo más importante es creértelo para ligar, ellas tienen esta parte superadísima.

Por otro lado, otra confusión importante de las zorras es lo que significa ligar. Calentar a todos los hombres de tu alrededor para luego ignorarlos, no es ligar.  Ellas tienen sus técnicas para “ligar” y las centran en el baile. Hay tres técnicas infalibles: Bailar con una barra de striptease imaginaria, bailar tocándose o, su favorita, bailar con otra zorrona con una barra de striptease imaginaria en medio y tocándose entre las dos.

Este show erótico festivo (que yo encuentro bastante patético), hace perder el culo a muchos tíos, que intentaran ligar (este ligar si es el de verdad, el de pillar cacho de toda la vida) con alguna de ellas. La zorra se deja querer, sobar y regalar las orejas,  aunque no esté interesada en lo más mínimo.  Eso sí, solo un rato, que en una discoteca hay muchos tíos y no perderá toda la noche con el mismo, ¡háyase visto!

En conclusión, la última y más grave confusión de las zorras de nivel I es que creen vivir en un escaparate. Se visten, mueven y hablan para que la gente (machos principalmente) las miren. Se hacen fotos en bikini, sin bikini y las cuelgan orgullosas en la red social de turno para que sus 500 amigos (adivinad la proporción hombres/mujeres) las “admiren” y babeen. Aunque esto también me hace pensar en lo que hace babear a los hombres y lo que se puede esperar de ellos… (Mejor dejo de pensar). Y, me voy a repetir, pero a mi me dan penita. 


NIVEL II

Entrar en este nivel es otra historia. Aquí la confusión es mucho más preocupante ya que no se queda en lo puramente superficial.  Las zorras de nivel II no se ven a primera vista, no van desfilando por el mundo ni se hacen notar.

Aunque vayan disfrazadas de amigas, conocidas, compañeras, en definitiva, de mujeres normales e incluso simpáticas, en el fondo su naturaleza es otra y queridas, eso no es algo que se pueda ocultar mucho tiempo.

No hay claves para detectarlas, yo recomendaría confiar en tu intuición o la de tus mejores amigas (las de verdad, las que se cuentan con una sola mano), porqué si tú no lo ves, es posible que alguna note algo raro en esa nueva “amiga”.

Las zorras son caprichosas y es habitual que se encaprichen de tu novio, de tu puesto de trabajo o similar. No dudarán en ir a por ello y no siempre lo conseguirán, pero ten cuidado, porqué a sus armas de mujer (que todas tenemos) hay que sumarles sus “armas” sucias de zorra (que todas tenemos, pero algunas no usamos por aquello de la dignidad y los principios…).

lunes 20 de septiembre de 2010

Resaca emocional, lluvia y nostalgia

Hoy es uno de esos días en los que no saldrías de la cama. El cielo está gris y no entra nada de luz en la habitación. Está empezando a llover y el frío va llegando. A no ser que tu trabajo te obligue a vestirte y salir de casa, lo único que te apetece de primeras es quedarte bajo una manta haciendo nada. 



En días así puedes recogerte en tus pensamientos y entrar en un bucle muy, pero que muy peligroso: el de los recuerdos. En días así los tiempos pasados siempre parecen mejores de lo que fueron en realidad. Yo le llamo resaca emocional porque es algo parecido a la resaca del día después del fiestón que te pegaste como si no hubiera mañana. Pero el mañana llega y te arrepientes de esa última copa, de ese paquete de cigarrillos que te fumaste entero y de algún que otro ser con el que intimaste más de lo necesario. Hay noches que confunden y mañanas que no aclaran mucho más. Lagos y lagunas, apenas puedes mover la cabeza porque cada vez que lo intentas parece que tu cabeza vaya a estallar. 

La resaca emocional aparece en días sin luz, cuando te levantas sola y no tienes planes inmediatos. Puedes recordar al chaval de turno (que ahora no está contigo bajo la manta), preguntarte por qué no te ha llamado, echar de menos a tu ex (ese que nunca tenía un detalle contigo, pero ahora mismo recuerdas como el hombre de tu vida), enfadarte con tu novio porque “ya no es como antes” o entrar en terrenos aún más peligrosos del tipo: donde estoy, donde voy, que es de mi vida, estoy donde quiero estar. Preguntas que, ya te aviso, no resolverás en un día como el de hoy. 

En este punto solo hay dos cosas que puedas hacer. O bien, te reactivas, te pones guapa (very importante el ponerse y verse guapa) y te obligas a mover ese culito que tienes. O bien, te metes de lleno en la Bridget Jones que todas llevamos dentro: música deprimente, lágrimas en cadena e incluso helado y alguna película romántica con final feliz (made in Hollywood). 

Disfruta de TU día, como a ti te de la gana, siempre.

domingo 12 de septiembre de 2010

Romances de verano

Los primeros días, semanas, e incluso meses, de una relación, son lo mejor que hay. Los primeros roces, los primeros besos, esas miradas tiernas con cara de bobos, esas ganas de tocarse y tener sexo a todas horas del día. Y si encima es verano, hace calor, estás de vacaciones , te pasas el día en la playa, con amigos, tomando cervezas en terrazas, saliendo de fiesta hasta el amanecer, sin rutinas ni horarios, sin estrés ni clases ni curro ni jefes… entonces ¿qué más puedes pedir?

Los idilios veraniegos nacen en un instante, sin buscarlos. Conoces a alguien y ¡zasca! Llámalo flechazo, tontería o ganas de pillar cacho. Pero no tienen más complicación. Y ese estado feliciano que compartimos en estas fechas parecen contribuir a que el romance fluya y todo parezca perfecto. Quedas y quedas y vuelves a quedar. ¿Por qué no? Estás de vacaciones y él también y os encanta estar juntos, el demasiado no entra dentro de vuestro vocabulario.

Pero (por supuesto hay un pero enorme), el verano, las vacaciones y los cuentos de hada tienen siempre un final. Llega el momento de volver a la realidad, tu ciudad, tu rutina, tus obligaciones… a tu vida.

Nota: un romance de verano tiene un final aunque no te hayas movido de tu ciudad, aunque las citas más calientes las hayas vivido en tu hogar de verano que, casualmente, también es tu hogar el resto del año.

Las aventuras veraniegas no son el principio de una relación seria. Os podéis llamar, escribir, mandar señales de humo o inventar nuevas maneras de comunicación hasta el verano que viene pero, y sin querer ser aguafiestas, no vivas esperando una segunda parte que difícilmente sucederá. Los meses y la distancia pueden ser el olvido y en muchos casos lo son, pero también pueden ser los culpables de idealizar a una persona y, con ello, no ver a otra nueva que podrás tener enfrente en primavera, otoño o invierno... avisados estamos.