domingo, 12 de septiembre de 2010

Romances de verano

Los primeros días, semanas, e incluso meses, de una relación, son lo mejor que hay. Los primeros roces, los primeros besos, esas miradas tiernas con cara de bobos, esas ganas de tocarse y tener sexo a todas horas del día. Y si encima es verano, hace calor, estás de vacaciones , te pasas el día en la playa, con amigos, tomando cervezas en terrazas, saliendo de fiesta hasta el amanecer, sin rutinas ni horarios, sin estrés ni clases ni curro ni jefes… entonces ¿qué más puedes pedir?

Los idilios veraniegos nacen en un instante, sin buscarlos. Conoces a alguien y ¡zasca! Llámalo flechazo, tontería o ganas de pillar cacho. Pero no tienen más complicación. Y ese estado feliciano que compartimos en estas fechas parecen contribuir a que el romance fluya y todo parezca perfecto. Quedas y quedas y vuelves a quedar. ¿Por qué no? Estás de vacaciones y él también y os encanta estar juntos, el demasiado no entra dentro de vuestro vocabulario.

Pero (por supuesto hay un pero enorme), el verano, las vacaciones y los cuentos de hada tienen siempre un final. Llega el momento de volver a la realidad, tu ciudad, tu rutina, tus obligaciones… a tu vida.

Nota: un romance de verano tiene un final aunque no te hayas movido de tu ciudad, aunque las citas más calientes las hayas vivido en tu hogar de verano que, casualmente, también es tu hogar el resto del año.

Las aventuras veraniegas no son el principio de una relación seria. Os podéis llamar, escribir, mandar señales de humo o inventar nuevas maneras de comunicación hasta el verano que viene pero, y sin querer ser aguafiestas, no vivas esperando una segunda parte que difícilmente sucederá. Los meses y la distancia pueden ser el olvido y en muchos casos lo son, pero también pueden ser los culpables de idealizar a una persona y, con ello, no ver a otra nueva que podrás tener enfrente en primavera, otoño o invierno... avisados estamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario